La progresiva implantación de cámaras de vigilancia en espacios públicos, privados,lugares de trabajo, consumo y ocio, convierte ya en “invisibles” estas máquinas devisión, dispuestas a conocer nuestros hábitos, nuestros “tics”, pero también nuestros deseos o intenciones. Este “querer saber” convierte a la persona observada en personaje por efecto de la mirada “ficcionante”. Nos ocurre a nosotros mismos al observar en una pantalla a aquel que no se sabe observado. Nuestro poder sobre él lo ejercemos imaginando por un momento su vida, su procedencia, pensamos con una curiosidad característica, porque somos curiosos por naturaleza, por definición; pero pensamos también deseando desenlaces y este sentimiento es más complejo, más elaborado, hasido educado.El poder de la técnica y su todopoderosa acción detectora de lo prohibido. Un logro de la tecnología que nos hace sentir partícipes de esas conquistas y de esos avances de nuestra civilización y que nos mantiene en un lugar seguro, aquel que está resguardado porque siempre hay alguien velando por nosotros, mirando por nuestra seguridad, un sistema eficaz, un estado de derecho, una democracia avanzada, expresiones de autocomplacencia y de control. Las cosas cambian cuando se cae en la cuenta de que en realidad somos también objeto de esa mirada cuando ese ojo imperturbable se ha metido en nuestra casa o nos hostiga en el trabajo, cuando podemos ser víctimas de una técnica de montaje cinematográfico según la cual se nos adjudique un rol u otro; el papel de terrorista o criminal, el papel de víctima sin sentirlo de ese modo, el papel de chivo expiatorio, de persona violenta... Papeles que se nos han adjudicado sin la capacidad de acceder al proceso de guión ni al total de la grabación y sin ningún derecho a explicar o matizar lo que ha sido nuestro proceder, porque el realizador invisible que controla los mandos podría, por ejemplo, estar a punto de conseguir un éxito en franja horaria de máxima audiencia o interfiriendo de modo perverso en otro tipo de actividades públicas o privadas.
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