
Nuestra percepción y adaptación, de un mundo sometido y configurado a una realidad virtual, crea una proximidad del receptor con la fuente emisora, se accede a la imagen virtual sin obstáculo, el sujeto puede configurar su vida a través de la pantalla,( interacción táctil e inmersión celular)Marshall McLuhan, el individuo se desliza por los circuitos virtuales y se sumerge en una dualidad entre el hombre y la máquina, podría interpretarse como la imagen de un espejo, el sujeto convertido en la realidad virtual de la máquina.
Todas nuestras incursiones en el espacio virtual, están delimitadas por unos códigos instituidos, fuera de esos parámetros no hay nada, el sistema gira en un circuito cerrado, lo cuál acota nuestra interacción electrónica a lo que ya esta establecido, esto podría traducirse a una creencia del pensamiento liberado y expandido de nuestra realidad, pero no es más que un espejismo virtual, alimentado por las tecnologías del control.
Todo estos aspectos se resumen a la identidad de la red, cuyo protagonista es la red, el individuo que la crea se disuelve adoptando un papel de ser invisible, que solo existe en el ciber-espacio, esta realidad virtual no asume la relación interpersonal de la realidad tangible.